MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01DC7B5C.99D82800" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01DC7B5C.99D82800 Content-Location: file:///C:/1113CBA1/009MarvinZulemaMendoza.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="utf-8"
1 Universidad de Panamá, Facultad de Cie=
ncias
de la Educación, Departamento de Didáctica y TecnologÃa Educativa, Ãrea:
Didáctica.
* Autor por
correspondencia: Â Marvin Zulema Me=
ndoza, zmendoza2124@gmail.com Â
Recibido: 21 de agosto de 2025
 Acepta=
do: 30
de octubre de 2025
=
Resumen
El presente estado del arte examina las competenci=
as
didácticas requeridas para una docencia universitaria que sea a la vez afe=
ctiva
y efectiva en el contexto de transformaciones aceleradas en la educación
superior, particularmente después de la pandemia de COVID-19. A través de=
una
revisión sistemática de 33 fuentes académicas publicadas entre 2014 y 20=
24, se
analizan enfoques sobre competencias emocionales, digitales, reflexivas y
colaborativas del profesorado. La metodologÃa empleada incluye criterios P=
RISMA
para la selección de literatura, enfatizando trabajos que abordan el vÃnc=
ulo
entre desempeño docente y bienestar estudiantil, asà como las nuevas dema=
ndas
de la enseñanza hÃbrida y el aprendizaje emocionalmente significativo. Los
hallazgos destacan la necesidad de integrar la inteligencia emocional, el
conocimiento tecnológico pedagógico del contenido (TPACK) y la práctica
reflexiva como ejes de desarrollo profesional docente. Se concluye que una
educación superior humanizada exige replantear las competencias docentes m=
ás
allá de lo técnico, reconociendo el papel central del afecto, la motivaci=
ón y
el cuidado en el aula universitaria. El estudio propone lÃneas de acción =
para
la formación docente continua y el diseño institucional de polÃticas que=
promuevan
un clima de aprendizaje integral y resiliente.
Palabras clave: Competencias docentes, educación afectiva,
inteligencia emocional, práctica reflexiva, TPACK.Â
=
Abstract
The present state-of-the-art review examines the didactic
competencies required for university teaching that is both affective and
effective in the context of accelerated transformations in higher education,
particularly in the aftermath of the COVID-19 pandemic. Through a systematic
review of 33 academic sources published between 2014 and 2024, it analyzes
approaches to the development of emotional, digital, reflective, and
collaborative competencies among faculty members. The methodology employed
follows PRISMA criteria for literature selection, emphasizing studies that
address the link between teaching performance and student well-being, as we=
ll
as the emerging demands of hybrid instruction and emotionally meaningful
learning. The findings highlight the need to integrate emotional intelligen=
ce,
Technological Pedagogical Content Knowledge (TPACK), and reflective practic=
e as
central pillars of professional teaching development. The review concludes =
that
a humanized higher education requires rethinking teaching competencies beyo=
nd
the technical dimension, recognizing the central role of affection, motivat=
ion,
and care in the university classroom. The study proposes action lines for
continuous teacher training and for the institutional design of policies th=
at
promote a comprehensive and resilient learning climate.
Keywords: Teaching competencies, affective education, emotional
intelligence, reflective practice, TPACK, higher education, teacher trainin=
g,
educational transformation
Introducción
En las últimas décadas, la educación superior ha
experimentado profundas transformaciones vinculadas a la sociedad del
conocimiento, la digitalización y cambios globales (p.ej., diversificació=
n del
estudiantado, nuevas pedagogÃas, pandemia de COVID-19). En este contexto, =
se
exige a los docentes universitarios desarrollar competencias didácticas=
que aseguren una educación tanto afectiva como efectiva. Una
enseñanza afectiva implica atender las dimensiones emocionales y relaciona=
les
del aprendizaje, fomentando la motivación, el bienestar y la ética del cu=
idado,
mientras que una enseñanza efectiva se refleja en altos niveles de calidad
pedagógica y logro académico de los estudiantes. Diversos autores han abo=
gado
por integrar ambos aspectos como parte de la profesionalidad docente en la
universidad contemporánea (Devlin & Samarawickrema, 2022; Noddings, 20=
13).
En efecto, la literatura reciente enfatiza que una docencia de calidad no se
limita a la transmisión de conocimientos, sino que abarca la formación in=
tegral
del estudiante, incluyendo valores, actitudes y apoyo emocional.
Los estudios indican que docentes universitarios c=
on
sólidas competencias didácticas influyen positivamente en el aprendizaje y
desarrollo del alumnado. Por ejemplo, un meta-análisis reciente encontró =
que
las caracterÃsticas y competencias del profesorado explican alrededor del =
9% de
la variación en el rendimiento académico estudiantil en secundaria (y has=
ta un
17% en paÃses de menor desarrollo). Aunque pudiera parecer un porcentaje
modesto, representa una contribución significativa y demuestra que el f=
actor
docente es clave para mejorar resultados educativos. Es más, ciertas
competencias especÃficas del docente –como el dominio disciplinar, la
planificación pedagógica, la gestión del aula, la capacidad de motivar, =
el uso
de tecnologÃa educativa y la construcción de un clima de apoyo– guardan
relación directa con mayores logros de los estudiantes (Fauth et al., 2014;
Cajia et al., 2023). A la par, se ha incrementado el interés cientÃfico p=
or
promover la educación emocional en el nivel universitario, bajo la premisa=
de
que el desarrollo intencionado de competencias emocionales complementa la
formación profesional y favorece el bienestar estudiantil (Lagos San MartÃ=
n et
al., 2024). En suma, la confluencia de evidencias sugiere que para logr=
ar
una educación superior afectiva y efectiva, los docentes deben pose=
er un
amplio repertorio de competencias didácticas que les permitan enseñar con
calidad académica a la vez que cultivar relaciones pedagógicas positivas y
sensibles.
El presente trabajo ofrece un estado del arte sobre
las competencias didácticas necesarias para una educación superior afecti=
va y
efectiva en tiempos de transformación educativa (2014–2024). Se revisan =
más de
40 fuentes académicas en español e inglés, incluyendo teorÃas clave y e=
studios
empÃricos recientes, con el fin de identificar marcos teóricos de referen=
cia,
destacar los hallazgos más relevantes sobre afectividad y efectividad en
docencia universitaria, e inferir tendencias actuales. El artÃculo se orga=
niza
en cuatro secciones principales. Primero, se describe la metodologÃa de
búsqueda y selección de literatura. A continuación, se analizan los marc=
os
teóricos fundamentales, abarcando aportes de Perrenoud, Zabalza, Mishra &a=
mp;
Koehler, Noddings, Ryan & Deci, entre otros. Seguidamente, se profundiz=
a en
la dimensión afectiva de la educación superior, enfatizando competencias
socioemocionales y relaciones de cuidado en la docencia. Luego, se explora =
la
dimensión efectiva, centrada en competencias orientadas a optimizar la
enseñanza y el aprendizaje con resultados comprobables. Finalmente, se
presentan conclusiones que sintetizan hallazgos y proponen implicaciones pa=
ra
la formación y desarrollo profesional docente.
MetodologÃa
El estado del arte se llevó a cabo mediante una
búsqueda bibliográfica sistemática en bases de datos de alto impacto y
repositorios académicos en Iberoamérica. Entre septiembre y octubre de 20=
24 se
realizaron consultas en Scopus, Web of Science (WoS), ERIC, SciELO, Redalyc=
y
Google Académico, abarcando publicaciones entre 2014 y 2024. Se utilizaron
palabras clave en español e inglés, combinadas mediante operadores boolea=
nos,
tales como: “competencias docentesâ€, “competencias didácti=
casâ€, “educación
superiorâ€, “afectividadâ€, “emocionalâ€, “ef=
ectividadâ€, “eficacia
docenteâ€, “transformación educativaâ€, “TPACKâ€,=
“competencias
socioemocionalesâ€, “Perrenoud competenciasâ€, “Zabalza=
profesor
universitarioâ€, “caring educationâ€, “teacher effectiv=
eness higher
educationâ€, “self-determination theory educationâ€, entre o=
tras.
Adicionalmente, se incluyeron nombres de autores y marcos teóricos relevan=
tes
(por ej., “Noddings care theoryâ€, “Ryan Deci motivationâ€<=
/i>, “Mishra
Koehler TPACKâ€) para recuperar trabajos especÃficos.
Los criterios de inclusión contemplaron: (a) estu=
dios
empÃricos (cuantitativos o cualitativos), revisiones sistemáticas, capÃt=
ulos o
ensayos teóricos publicados en revistas arbitradas o compilaciones académ=
icas;
(b) cuyo objeto de estudio fueran las competencias docentes o didácticas en
contexto de educación superior (formal universitaria o formación de profe=
sorado
universitario); (c) que abordaran explÃcitamente aspectos afectivos (p.ej.,
emociones, actitudes, relaciones interpersonales, motivación) y/o aspectos=
de
efectividad pedagógica (p.ej., desempeño docente, estrategias didácticas
efectivas, resultados de aprendizaje); y (d) publicados dentro del rango
temporal definido (2014–2024). Se excluyeron trabajos enfocados exclusiva=
mente
en educación básica o media (K-12), aquellos fuera del intervalo de años=
, o
documentos no académicos (divulgación general, opiniones sin sustento
investigativo).
La estrategia de búsqueda inicial identificó
aproximadamente 150 resultados únicos tras remover duplicados. Se procediÃ=
³ a
una lectura exploratoria de tÃtulos y resúmenes para descartar piezas
irrelevantes. Posteriormente, se realizó un cribado más detallado de unas=
60
fuentes potencialmente pertinentes, aplicando un enfoque inspirado en las
directrices PRISMA para revisiones sistemáticas (Lagos San MartÃn et a=
l.,
2024). Tras la lectura integral de estos documentos, se seleccionaron
finalmente 33 referencias que cumplÃan plenamente con los criterios y apor=
taban
contenido significativo al objetivo del estudio. Se procuró lograr un
equilibrio entre fuentes en español (aprox. 50%) e inglés (50%), con pres=
encia
de estudios latinoamericanos, europeos y anglosajones para abarcar visiones
diversas. Asimismo, se utilizó búsqueda inversa: a partir de las referenc=
ias
bibliográficas de artÃculos clave se identificaron trabajos adicionales (=
por
ejemplo, se identificaron estudios sobre competencias emocionales docentes =
a través
de la revisión de Lagos San MartÃn et al., 2024, y sobre competenc=
ias
digitales mediante Cabero et al., 2014). La calidad de las fuentes se
garantizó privilegiando revistas indexadas (muchas en Scopus/WoS) y
conferencias reconocidas; además, varias pertenecen a números monográfic=
os
recientes sobre docencia universitaria efectiva o educación socioemocional.
Finalmente, la información extraÃda se organizó temáticamente para dar =
lugar a
las secciones de marcos teóricos, afectividad y efectividad. Esta metodolo=
gÃa
rigurosa asegura la validez y confiabilidad de este estado del arte, al bas=
arse
en una cobertura amplia y criterios transparentes de selección de la
literatura.
Marcos
teóricos sobre competencias didácticas
El concepto de competencia didáctica o docente=
ha sido ampliamente discutido en la literatura pedagógica y refiere al con=
junto
integrado de conocimientos, habilidades, actitudes y disposiciones que un
profesor debe movilizar para desempeñar eficazmente su labor de enseñanza.
Diversos marcos teóricos han intentado categorizar estas competencias. Un =
punto
de partida frecuente es entender la competencia como una combinación de sa=
ber
conocer, saber hacer y saber ser. Por ejemplo, Perrenoud (2014) señala que=
toda
competencia docente involucra recursos internos de distinto tipo: conocimie=
ntos
declarativos (saber), capacidades procedimentales (saber hacer) y
actitudes o valores condicionales (saber ser), que se ponen en acciÃ=
³n
según las demandas de las situaciones profesionales. AsÃ, un docente comp=
etente
no solo domina contenidos (conocimiento disciplinar), sino que sabe cóm=
o
enseñarlos (conocimiento pedagógico) y adopta las actitudes adecuadas (é=
tica,
empatÃa, reflexión, etc.) para crear entornos de aprendizaje propicios.
Entre los modelos clásicos de competencias docent=
es
destacan los aportes de Philippe Perrenoud y Miguel Ãngel Zabalza, cuyas
propuestas, aunque desarrolladas inicialmente en décadas pasadas, siguen
vigentes y han sido actualizadas en trabajos recientes. En su influyente ob=
ra,
Perrenoud (2004) delineó diez nuevas competencias para enseñar, las
cuales abarcan desde la planificación y conducción de situaciones de
aprendizaje hasta la participación en la gestión institucional y la
autorreflexión sobre la práctica. Por su parte, Zabalza (2003, 2015) anal=
izó
las competencias del profesorado universitario, proponiendo categorÃas
semejantes adaptadas al contexto de la educación superior. La Tabla 1 resu=
me y
compara las categorÃas principales de competencias según estos dos autore=
s,
incorporando también el enfoque contemporáneo TPACK de Mishra y Koehler
(centrado en la integración pedagógica de la tecnologÃa):
Tabla 1.<=
/span> Comparación de marcos de competencias docente=
s:
Perrenoud (2004) y Zabalza (2015) vs. modelo TPACK de Mishra & Koehler.=
|
Marco/Autor |
Competencias docentes propuestas |
Énfasis/domino |
|
Perrenoud (2004) |
1) Organizar=
y
animar situaciones de aprendizaje; 2) Gestionar la progresión de los
aprendizajes; 3) Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciac=
ión;
4) Implicar a los alumnos en su aprendizaje y trabajo; 5) Trabajar en equ=
ipo;
6) Participar en la gestión de la escuela; 7) Informar e implicar a los
padres; 8) Utilizar las nuevas tecnologÃas; 9) Afrontar los deberes y di=
lemas
éticos de la profesión; 10) Organizar la propia formación continua. |
Competencias
profesionales integrales (docencia general, aplicable también a nivel
superior). Énfasis en rol facilitador, colabor=
ación
y mejora continua. |
|
Zabalza (2015) |
1) Planifica=
ción
del proceso de enseñanza-aprendizaje; 2) Selección y dominio de los
contenidos disciplinarios; 3) Uso de metodologÃas didácticas adecuadas;=
4)
Manejo didáctico de las TIC; 5) Relación docente-estudiante constructiv=
a; 6)
Seguimiento, control y evaluación del aprendizaje; 7) Disciplina y gesti=
ón
del aula; 8) Desarrollo profesional continuo; 9) Trabajo en equipo e
integración institucional. |
Competencias=
del
profesor universitario. Énfasis en diseño curricular, metodologÃa,
integración de tecnologÃa, interacción educativa y desarrollo profesio=
nal. |
|
Mishra & Koehler (2006) |
Modelo TPACK: integra Technological,
Pedagogical and Content Knowledge. Propone que el docente combine tres saberes
fundamentales –conocimiento del contenido (CK), conocimiento pedagógic=
o (PK)
y conocimiento tecnológico (TK)– y desarrolle competencias en sus
intersecciones (PCK, TPK, TCK), culminando en una competencia integrada <=
i>Tecno-Pedagógico-Disciplina
(TPACK). |
Competencias
para la era digital. Énfasis en la capacidad de integrar eficazmente las
tecnologÃas de la información y comunicación en las estrategias de ens=
eñanza,
articulándolas con el contenido disciplinar. |
Los listados de Perrenoud y Zabalza muestran una
notable convergencia en cuanto a las dimensiones cubiertas: ambos incluyen
competencias de planificación didáctica, de gestión del proceso de
enseñanza-aprendizaje, de relación y comunicación (con estudiantes, cole=
gas y
familias), de evaluación de los aprendizajes, de innovación (diferenciaci=
ón,
metodologÃa) y de desarrollo profesional continuo. En el caso de Zabalza, =
al
estar focalizado en el ámbito universitario, cobra especial relevancia el
dominio experto de la materia que se enseña (competencia disciplinar) y la
incorporación de las TIC en la docencia, aspectos acordes a los retos de la
educación superior actual. Por su parte, la propuesta de Perrenoud, aun su=
rgida
en contexto escolar general, ha sido frecuentemente tomada como referencia =
para
programas de formación docente universitaria (Torres et al., 2014).
Ambos autores conciben al profesor como un profesional reflexivo capaz de
adaptarse a contextos cambiantes, “un profesor organizador de una pedagog=
Ãa
constructivista, garante de sentido, implicado en la innovación y en su pr=
opia
formación†(Perrenoud, 2012, citado en Torres et al., 2014) y sub=
rayan
que dichas competencias no actúan de forma aislada sino integrada. Es deci=
r, la
competencia docente es un saber en acción complejo donde el profesor
moviliza simultáneamente conocimientos pedagógicos, disciplinares, ético=
s,
emocionales, etc., para responder a las situaciones del aula.
En años recientes, ha cobrado fuerza el enfoque T=
PACK
(Technological Pedagogical Content Knowledge) de Mishra y Koehler, que exti=
ende
el modelo de competencia docente incorporando explÃcitamente el componente
tecnológico. Este marco reconoce que, en la era digital, un docente efecti=
vo
necesita articular tres saberes básicos: el contenido que imparte, las
estrategias pedagógicas y las herramientas tecnológicas disponibles. La
intersección de esos saberes genera nuevas áreas de conocimiento didácti=
co: por
ejemplo, el conocimiento pedagógico del contenido (PCK), concepto
derivado originalmente de Shulman, alude a la habilidad de adaptar y enseñ=
ar un
contenido disciplinar de la manera más comprensible para los alumnos; mien=
tras
que el conocimiento tecnológico-pedagógico (TPK) implica saber uti=
lizar
tecnologÃas de forma alineada con metodologÃas didácticas; y asà sucesi=
vamente
hasta alcanzar el cÃrculo completo TPACK. En términos de competencias, el
modelo TPACK sugiere que los docentes del siglo XXI deben integrar tecnolog=
Ãa,
pedagogÃa y conocimiento disciplinar en su práctica. Estudios han demostr=
ado
que la formación del profesorado bajo este enfoque mejora su autoeficacia y
habilidades para emplear TIC en el aula de manera pertinente (Cejas-León <=
i>et
al., 2016). Además, Cabero et al. (2014) y otras investigacione=
s en
entornos iberoamericanos destacan que el desarrollo de competencias digital=
es
docentes, basadas en TPACK, se ha vuelto imprescindible para responder a
modalidades de educación hÃbrida, virtual y a las exigencias de la socied=
ad del
conocimiento. En suma, TPACK complementa los marcos tradicionales añadiend=
o la
dimensión tecnológica como pieza clave de la competencia didáctica
contemporánea.
Otros enfoques teóricos enriquecen la discusión =
sobre
competencias docentes, especialmente al incorporar aspectos afectivos y ét=
icos.
La teorÃa de la ética del cuidado de Nel Noddings es un referente
obligado al hablar de la dimensión afectiva en educación. Noddings postul=
a que
la enseñanza debe fundamentarse en relaciones de cuidado auténtico entre
docente y alumno, donde el profesor actúa con empatÃa, atención y respon=
sabilidad
ética hacia el bienestar del estudiante. Su trabajo evidenció la impor=
tancia
de la caring relationship tanto como meta educativa en sà misma como m=
edio
para un aprendizaje más profundo. En la práctica, esto se traduce en
competencias como la capacidad de escuchar y mostrar empatÃa, la sensibili=
dad a
las necesidades individuales, la creación de un clima de respeto y confian=
za,
etc. (Noddings, 1984/2013). Estas ideas han influido en modelos de “docen=
cia
centrada en el estudiante†y en programas de formación que promueven
habilidades socioemocionales en el profesorado. De forma complementaria, de=
sde
la psicologÃa motivacional, Ryan y Deci (2017) aportan el modelo de la
autodeterminación, que identifica tres necesidades psicológicas bási=
cas a
nutrir en contextos educativos: autonomÃa, competencia y relación con los
demás. Un docente competente, bajo esta mirada, es aquel que sabe apoyar la
autonomÃa del estudiante (p.ej., brindando opciones, fomentando participac=
ión
activa), generar percepciones de competencia (mediante retroalimentación
positiva, retos adecuados) y establecer vÃnculos cercanos (clima afectivo,
sentido de pertenencia) –todo lo cual incrementa la motivación intrÃnse=
ca y el
compromiso del alumno con el aprendizaje. Es interesante notar cómo estas
necesidades se relacionan también con las competencias socioemocionales de=
l propio
docente: un profesor autónomo, competente en su materia y con habilidades
relacionales estará mejor posicionado para facilitar esas condiciones a sus
estudiantes (Ryan & Deci, 2017). En definitiva, marcos como el de Noddi=
ngs
o el de la teorÃa de la autodeterminación amplÃan el concepto de compete=
ncia
docente más allá de lo técnico, enfatizando dimensiones ético-afectivas=
y de
desarrollo humano integral que son fundamentales para una educación superi=
or
verdaderamente afectiva y efectiva.
La afectividad en la educación superior se
refiere al ámbito de las emociones, actitudes, valores y relaciones humana=
s que
subyacen al proceso enseñanza-aprendizaje. Durante mucho tiempo, la enseñ=
anza
universitaria se centró predominantemente en los contenidos cognitivos,
relegando a un segundo plano los factores afectivos. Sin embargo,
investigaciones de la última década han resaltado que las competencias
emocionales y relacionales del docente universitario son cruciales para
propiciar entornos de aprendizaje positivos, mejorar la motivación estudia=
ntil
y, en última instancia, favorecer mejores resultados académicos y formati=
vos
(Hagenauer & Volet, 2014; Valdés et al., 2019). De hecho, existe
ahora un consenso emergente en que una educación superior de calidad debe =
ser
simultáneamente rigurosa en lo académico y sensible en lo humano (Nodding=
s,
2012; Bisquerra, 2016).
Un indicador de esta tendencia es el notable aumen=
to
de estudios sobre competencias socioemocionales en el contexto universitari=
o.
Por ejemplo, una revisión sistemática reciente sobre competencias emocion=
ales
en educación superior (Lagos San MartÃn et al., 2024) reportó un
creciente interés cientÃfico en promover la educación emocional a nivel
universitario, identificando al menos 26 estudios relevantes entre 2013 y 2=
022.
En dichos trabajos se exploran tanto la presencia de habilidades emocionale=
s en
alumnos y docentes, como programas educativos orientados a fortalecer dichas
competencias en la formación terciaria. Los hallazgos generales indican que
incorporar deliberadamente el desarrollo emocional en la universidad
complementa el proceso formativo y favorece el bienestar personal del
estudiantado. Esto concuerda con la noción de formación integral: el estu=
diante
aprende mejor y se desarrolla plenamente cuando sus necesidades emocionales=
son
atendidas y cuando experimenta un clima de apoyo en su vida académica.
En cuanto a las competencias afectivas del docente=
, se
han identificado varias dimensiones clave. Una de ellas es la competencia
empática y de comunicación emocional, que implica que el profesor sea cap=
az de
percibir y comprender las emociones de sus alumnos, mostrar cercanÃa y
apertura, y regular sus propias expresiones emocionales de forma constructi=
va.
Estudios realizados en docentes universitarios noveles muestran que aquellos
con mayor inteligencia emocional percibida tienden a establecer relaciones =
más
positivas con sus grupos y a manejar mejores situaciones de estrés en la
docencia (Ramirez et al., 2020). Otra dimensión es la competencia de
cuidado o ética del cuidado, ligada a la teorÃa de Noddings: esta abarca
actitudes de respeto, preocupación auténtica por el estudiante como perso=
na,
paciencia y disposición de apoyo. Un profesor con alta orientación de cui=
dado
crea un ambiente de confianza donde los alumnos se sienten valorados y segu=
ros
para participar. Esto puede verse reflejado en prácticas sencillas como br=
indar
tutorÃas personales, interesarse por las dificultades particulares de los
estudiantes, o fomentar la cooperación y el respeto mutuo en clase.
La competencia motivacional del docente es igualme=
nte
fundamental: incluye la habilidad de inspirar y entusiasmar a los alumnos p=
or
la materia, asà como de mantener su propia motivación y vocación docente=
. AquÃ
convergen aspectos afectivos con didácticos, por ejemplo, un profesor
entusiasta y apasionado por lo que enseña suele contagiar ese interés (el=
emento
afectivo) al tiempo que emplea estrategias activas que involucran al estudi=
ante
(elemento pedagógico). Fauth et al. (2014) encontraron que la â€=
œenthusiasmâ€
o entusiasmo docente está positivamente relacionado con un mayor interés =
de los
estudiantes por el aprendizaje. Además, la teorÃa de la autodeterminación
señala que docentes que apoyan la autonomÃa y se relacionan calurosamente
fomentan la motivación intrÃnseca del alumnado, lo cual es parte de su
competencia socioemocional.
Un conjunto especÃfico de competencias afectivas = que ha cobrado atención es el de las competencias emocionales en sentido estri= cto: autoconciencia, autorregulación, automotivación, empatÃa y habilidades s= ociales (Goleman, 1995; Bisquerra, 2009). Aplicado al docente, esto significa ser consciente de sus propias emociones en la práctica (p.ej., reconocer cuán= do se siente frustrado, ansioso o entusiasmado en clase), saber gestionarlas adecuadamente (mantener la calma ante conflictos, expresar entusiasmo de fo= rma motivante, etc.), persistir ante desafÃos, comprender las señales emocion= ales de sus estudiantes y relacionarse efectivamente con ellos. Un estudio con profesorado en formación inicial en España reveló que muchos futuros doc= entes presentan déficits en conciencia emocional, les cuesta identificar sus pro= pias emociones y las de otros– aunque manifiestan actitudes positivas en cuant= o a manejar emociones y mantener relaciones adecuadas. Esto sugiere la necesida= d de trabajar esas competencias en la formación docente. Por otro lado, investigaciones latinoamericanas como la de Bulás-Montoro et al. (2= 020) señalan la “relevancia de las competencias emocionales en el proceso = de enseñanza-aprendizaje†incluso en niveles de posgrado. En su estudio= con aspirantes a magÃster en AstrofÃsica, estos autores identificaron un gran número de competencias emocionales tanto en estudiantes como en el docente= , y encontraron que 100% de los estudiantes percibieron el acompañamiento emoc= ional de su profesor, y el 89% afirmó que las competencias emocionales (tanto pr= opias como del docente) impactaron positivamente su proceso de aprendizaje. Este resultado empÃrico ilustra vÃvidamente cómo la presencia de un docente emocionalmente competente, que brinda apoyo, comprensión y manejo emocional adecuado, puede influir en la experiencia educativa de los universitarios.<= o:p>
Otra arista de la afectividad es la relación
pedagógica y el clima de aula. La literatura indica que docentes que
desarrollan competencias para construir una clase emocionalmente segura y
positiva logran mayor participación y mejor rendimiento de sus alumnos
(Hagenauer & Volet, 2014). Esto abarca manejar la dinámica grupal con
justicia y calidez (competencia de manejo socioemocional del grupo), preven=
ir y
resolver conflictos de manera constructiva (competencia en mediación y
disciplina formativa) y promover la cohesión grupal. Cuando los
estudiantes perciben a su profesor como cercano y accesible, tienden a
involucrarse más en las actividades, preguntar sus dudas sin temor y perse=
verar
ante dificultades. Incluso en entornos virtuales o hÃbridos, se ha notado =
la
importancia de la “presencia social†del docente, es decir, demostrar h=
umanidad
detrás de la pantalla mediante comunicación empática, feedback personali=
zado,
etc., como parte de sus competencias afectivas digitales (Johnson et al<=
/i>.,
2022).
Finalmente, cabe mencionar que las competencias
afectivas del docente no solo benefician a los estudiantes, sino al propio
profesor en términos de bienestar laboral y vocacional. Docentes con
habilidades emocionales tienden a experimentar menos burnout o desga=
ste
profesional, manejan mejor el estrés académico y encuentran mayor satisfa=
cción
en la enseñanza (Gázquez et al., 2022). AsÃ, la formación en
competencias socioemocionales se perfila como una doble ganancia: mejora la
calidad de la enseñanza y protege la salud mental del profesorado. Algunas
universidades han empezado a incorporar talleres de mindfulness, manejo del
estrés, comunicación asertiva y otras herramientas de inteligencia emocio=
nal en
la capacitación de sus docentes, reconociendo que un profesor emocionalmen=
te
equilibrado está en mejores condiciones de ofrecer una educación afectiva=
mente
enriquecedora.
En sÃntesis, la dimensión afectiva de la educaci=
ón
superior exige que el docente despliegue competencias didácticas “blanda=
s†pero
indispensables: empatÃa, comunicación, ética del cuidado, gestión emoci=
onal y
motivacional, entre otras. Estas competencias permiten humanizar la enseña=
nza y
atender al estudiante como persona integral. Lejos de ser elementos accesor=
ios,
contribuyen a la eficacia del proceso educativo, pues un estudiante motivad=
o,
incluido y emocionalmente apoyado es más receptivo al aprendizaje. Como ha
quedado evidenciado, las investigaciones respaldan fuertemente la idea de q=
ue
la afectividad potencia la efectividad: cuando se cultivan vÃnculos positi=
vos y
se satisfacen necesidades emocionales en el aula universitaria, los indicad=
ores
de éxito académico y desarrollo personal tienden igualmente a mejorar (La=
gos et
al., 2024; Bulás-Montoro et al., 2020).
Compe=
tencias
didácticas y dimensión de efectividad
La efectividad en la educación superior
tradicionalmente se asocia con la capacidad de lograr aprendizajes de alto
nivel en los estudiantes, es decir, que adquieran conocimientos sólidos,
desarrollen habilidades intelectuales y profesionales, y alcancen los
resultados de aprendizaje previstos. Una enseñanza efectiva, por tanto, es
aquella que produce un impacto positivo y demostrable en el desempeño
estudiantil. ¿Qué competencias didácticas requieren los docentes para lo=
grar
esa efectividad, especialmente en un contexto de cambio constante? La
investigación en didáctica universitaria sugiere múltiples competencias
“duro-cognitivas†involucradas, desde el dominio disciplinar y pedagóg=
ico hasta
la innovación y la evaluación, pero subraya también la interacción entr=
e estas
y las dimensiones antes discutidas (motivacionales, tecnológicas, etc.).
Un primer componente es el conocimiento profundo d=
e la
materia y la habilidad de diseñar currÃculos relevantes. Un profesor efec=
tivo
en la universidad domina los contenidos de su disciplina y está actualizad=
o en
los avances de su campo. Más allá de eso, debe tener la competencia de tr=
aducir
ese conocimiento experto en planes de curso, syllabus y materiales didácti=
cos
estructurados coherentemente, atendiendo al nivel de sus estudiantes y a los
objetivos del programa. La planificación curricular efectiva incluye secue=
nciar
los temas de forma progresiva, seleccionar las lecturas o recursos clave, y
establecer actividades que vinculen teorÃa con práctica (Zabalza, 2015). =
Por
ejemplo, la competencia para diseñar situaciones de aprendizaje autént=
icas,
casos, proyectos, problemas reales, se considera hoy esencial para fomentar
aprendizaje profundo y competencias profesionales en estudiantes
universitarios. Estudios sobre aprendizaje basado en problemas y =
educación
por proyectos muestran que docentes competentes en estas metodologÃas
logran mayor implicación del alumnado y mejores transferencias del aprendi=
zaje
a contextos prácticos (Prince & Felder, 2006).
Relacionado con lo anterior está la competencia
pedagógico-didáctica en sentido estricto: saber emplear estrategias de
enseñanza eficaces y adecuadas a los contenidos y al perfil de los estudia=
ntes.
Esto involucra habilidades de exposición clara (comunicar conceptos comple=
jos
de forma comprensible, Perrenoud menciona “información y explicación
comprensibles†como competencia), de metodologÃas activas (discusión,
aprendizaje colaborativo, simulaciones, laboratorio, etc.), y de adaptación
didáctica para atender la diversidad de estudiantes (por ejemplo, ajustand=
o el
ritmo, brindando apoyos a quienes lo requieran, ofreciendo desafÃos extras=
a
quienes avanzan más rápido, tal como sugiere la “elaboración de dispos=
itivos de
diferenciación†de Perrenoud). Un estudio meta-analÃtico de 2015 (Hatti=
e,
actualización) indicó que prácticas como la clarificación de objetivos,=
la
enseñanza directa bien estructurada y la retroalimentación constante tien=
en
altos efectos en el rendimiento estudiantil. Por ende, el docente efectivo
exhibe competencia en gestionar la progresión de los aprendizajes,
monitorear qué tanto están entendiendo sus estudiantes y ajustar la enseÃ=
±anza
en consecuencia.
Otro pilar es la competencia evaluativa. La evalua=
ción
del aprendizaje no solo sirve para calificar, sino que guÃa el proceso
formativo (“assessment for learningâ€). Un profesor competente en evalua=
ción
sabe diseñar instrumentos alineados con los resultados de aprendizaje (pru=
ebas,
rúbricas, proyectos) y utilizar la evaluación para retroalimentar tanto al
estudiante como a su propia enseñanza. La efectividad se ve potenciada cua=
ndo
la evaluación es formativa, oportuna y justa. Por ejemplo, un docente que =
aplica
evaluaciones diagnósticas al inicio, evalúa de manera continua mediante
ejercicios prácticos y proporciona comentarios detallados, está facilitan=
do que
el alumno detecte sus áreas de mejora y construya mejor su conocimiento. La
literatura sugiere que la retroalimentación efectiva es uno de los
factores más influyentes en el aprendizaje (Hattie & Timperley, 2007).=
AsÃ,
la capacidad de brindar feedback claro, especÃfico y orientado a promover =
un
siguiente paso en el aprendizaje es una competencia didáctica clave.
En la educación superior contemporánea, la compe=
tencia
digital del docente se ha vuelto inseparable de la efectividad. La pandemia=
de
COVID-19 dejó en evidencia que quienes tenÃan dominio de herramientas
tecnológicas y pedagogÃa digital pudieron migrar más rápidamente a ento=
rnos
virtuales manteniendo cierta calidad de enseñanza. Pero incluso al margen =
de la
pandemia, las universidades avanzan hacia modalidades hÃbridas, aprendizaj=
e en
lÃnea y uso intensivo de plataformas. Aquà entra en juego el citado marco
TPACK: un profesor con competencias TPACK será capaz de seleccionar y util=
izar
las tecnologÃas adecuadas (desde entornos virtuales de aprendizaje hasta
software especializado, simuladores, redes sociales académicas, etc.) de m=
anera
que potencien la comprensión y la participación de los estudiantes. Por
ejemplo, puede integrar videos, demostraciones interactivas o laboratorios
virtuales para ilustrar fenómenos complejos, o utilizar foros en lÃnea pa=
ra
extender la discusión fuera del aula. La eficacia docente en contex=
tos
digitales requiere no solo saber usar técnicamente estas herramientas, sino
hacerlo con criterio pedagógico: esta es justamente la competencia de c=
onocimiento
tecnológico-pedagógico del modelo TPACK. Investigaciones han encontra=
do que
la formación en TIC basada en TPACK mejora la calidad de la enseñanza y la
percepción de eficacia en los docentes (Cabero & MarÃn, 2014). De car=
a a “tiempos
de transformación educativa†marcados por la innovación tecnológic=
a, la
competencia digital docente es central para asegurar la continuidad y
efectividad de los procesos formativos.
En términos de resultados medibles, ¿cómo sabem=
os que
un docente está siendo efectivo? La investigación sugiere observar indica=
dores
como: el rendimiento académico de sus estudiantes (notas, tasas de aprobac=
ión),
la calidad de los trabajos y proyectos que realizan, el grado de participac=
ión
activa en clases, la satisfacción y retroalimentación de los propios
estudiantes, e incluso métricas a más largo plazo (éxito en prácticas
profesionales, desarrollo de competencias en egresados). Varios de estos in=
dicadores
se relacionan con la competencia docente. Por ejemplo, López-MartÃn et=
al.
(2023) llevaron a cabo un meta-análisis para cuantificar el efecto de dist=
intas
competencias docentes sobre el logro de los estudiantes, encontrando
influencias positivas en aspectos como lengua, ciencias y aprovechamiento
general. En particular, destacaron la competencia interpersonal del
docente y su comunicación efectiva como factores con tamaño de efe=
cto
significativo en el rendimiento estudiantil. Esto confirma que no solo el
dominio de contenidos importa, sino también cómo el profesor se relaciona=
y
comunica durante la enseñanza. Asimismo, Fauth et al. (2014) demost=
raron
que ciertas competencias docentes repercuten en resultados a través de la
calidad de la enseñanza desplegada en clase: en su estudio con ciencias en
primaria, el conocimiento pedagógico del contenido, la autoeficacia y el
entusiasmo del profesor aumentaron el interés y aprendizaje de los alumnos,
efecto que estuvo mediado por prácticas docentes de calidad como la act=
ivación
cognitiva (plantear desafÃos intelectuales) y un clima de apoyo.
Llevando esta evidencia al nivel universitario, podemos extrapolar que doce=
ntes
competentes –con alto PCK, confianza en su enseñanza y actitud entusiast=
a–
tienden a generar clases más dinámicas, retadoras y al mismo tiempo acoge=
doras,
lo que redunda en mejores desempeños.
Otro elemento fundamental es la competencia reflex=
iva
e investigadora sobre la propia práctica. Los docentes más efectivos suel=
en ser
aquellos que evalúan crÃticamente sus métodos y buscan mejorarlos, lo cu=
al
coincide con la idea del profesor como investigador en el aula.
Perrenoud mencionaba “reflexión e investigación sobre la enseñanzaâ=
€ como
una de las competencias clave. Hoy dÃa, con la cultura de aseguramiento de=
la
calidad en la educación superior, se espera que el profesorado analice
evidencias de aprendizaje, participe en comunidades de práctica y se forme
continuamente (por ejemplo, a través de centros de desarrollo docente). Es=
ta
metacompetencia de reflexión continua permite al docente ir afinando las o=
tras
competencias: detecta qué estrategias no funcionaron bien y las modifica,
adopta innovaciones educativas basadas en evidencias, etc. Un estudio (Devl=
in
& Samarawickrema, 2022) argumenta que ante los cambios post-pandemia, l=
os
criterios de la enseñanza efectiva deben re-interrogarse y actualizarse,
enfatizando la necesidad de que el profesorado reaprenda a enseñar =
en
entornos cambiantes. Esto incluye estar abiertos a nuevas pedagogÃas (p.ej=
.,
aula invertida, aprendizaje hÃbrido), a colaborar interdisciplinariamente =
y a
incorporar perspectivas inclusivas y de bienestar. Todo ello forma parte de=
la
efectividad docente entendida en un sentido amplio y moderno.
Por último, la efectividad también tiene una dim=
ensión
colectiva: cada vez más se considera que una institución de educación su=
perior
es efectiva cuando existe colaboración y desarrollo profesional compartido
entre sus docentes. Por ello, la competencia de trabajo en equipo y lideraz=
go
pedagógico cobra relevancia. Docentes que intercambian buenas prácticas,
co-diseñan asignaturas integradas, o mentorÃan a colegas, contribuyen a e=
levar
la efectividad global. Esto conecta con la competencia de “participar =
en la
gestión de la escuela/universidad†de Perrenoud, que aplicada a la
universidad implica involucrarse en la mejora institucional (comités
curriculares, innovación educativa, etc.). Un ejemplo contemporáneo son l=
as
comunidades de aprendizaje entre profesores universitarios que, apoyadas por
las unidades de docencia, experimentan con nuevas metodologÃas y evalúan
conjuntamente sus resultados (ej. comunidades TPACK, comunidades de prácti=
ca en
enseñanza online), mostrando mejoras en los indicadores de satisfacción y
aprendizaje en sus asignaturas piloto (Vargas et al., 2021).
Se entiende entonces que la dimensión de efect=
ividad
en la docencia superior está sustentada en un amplio repertorio de compete=
ncias
didácticas: pedagógico-curriculares (planificación, estrategias, evaluac=
ión),
disciplinares (dominio del contenido), tecnológicas (integración TIC), de
gestión de aula (organización, manejo del tiempo, disciplina) y de mejora
continua (reflexión, investigación educativa, trabajo colaborativo). Cada=
una
de ellas contribuye a optimizar el proceso de enseñanza-aprendizaje. No ob=
stante,
es importante resaltar que la efectividad máxima se logra cuando estas
competencias “duras†se articulan también con las “blandas†previa=
mente
discutidas. Un profesor podrá ser experto en su materia y muy buen
planificador, pero si carece de empatÃa o no sabe motivar, difÃcilmente
alcanzará todo el potencial de sus estudiantes. Por tanto, la efectividad
didáctica en tiempos de transformación educativa se concibe mejor como un
equilibrio: integrar competencias pedagógicas sólidas con competencias so=
cioemocionales,
integrando además el componente tecnológico e innovador. Solo asà la edu=
cación
superior podrá cumplir el doble cometido de formar profesionales competent=
es y
personas Ãntegras, resilientes y comprometidas.
Concl=
usiones
La revisión realizada evidencia que lograr una
educación superior simultáneamente afectiva y efectiva dema=
nda un
docente altamente competente en múltiples dimensiones. En tiempos de
transformación educativa, marcados por cambios tecnológicos, demográfico=
s y
sociales acelerados, el rol del profesor universitario se complejiza,
requiriendo un perfil profesional polivalente. Los hallazgos se pueden
sintetizar en varios puntos clave:
-
Integración de
competencias: Las competencias didáct=
icas
ya no se conciben de forma aislada. Los marcos teóricos actuales (Perrenou=
d,
Zabalza, TPACK, etc.) y la investigación empÃrica convergen en que el doc=
ente
eficaz articula saberes pedagógicos, disciplinares, tecnológicos y emocio=
nales
en su práctica cotidiana. La figura resultante es la de un docente inte=
gral,
que planifica y gestiona el aprendizaje con rigor académico a la vez que c=
rea
entornos humanizados y motivadores. Este docente domina estrategias de
enseñanza y evaluación, y simultáneamente es cercano, empático y capaz =
de
inspirar. La educación superior de calidad exige, por tanto, competencia
técnica y humana por parte del profesor.
-&nb=
sp;
Importancia de=
la
afectividad: Tradicionalmente subestim=
ada
en el ámbito universitario, la dimensión afectiva se revela fundamental p=
ara
potenciar el aprendizaje. Los docentes con competencias socioemocionales
elevadas logran mayores niveles de involucramiento y bienestar en sus estud=
iantes,
lo cual se traduce en mejores resultados formativos (motivación, rendimien=
to,
persistencia). En consecuencia, las universidades deberÃan reconocer la
afectividad como componente esencial de la docencia efectiva. Esto implica
incorporar la formación en inteligencia emocional, habilidades de comunica=
ción,
ética del cuidado y manejo de la diversidad en los programas de desarrollo
docente. Asimismo, polÃticas institucionales de apoyo psicoeducativo y
bienestar para profesores y alumnos complementan esta visión, facilitando
climas organizacionales positivos que benefician la enseñanza.
-&nb=
sp;
Efectividad ba=
sada
en evidencia y reflexión: La eficacia
docente no es un concepto estático; debe evaluarse y retroalimentarse
constantemente. Las mejores prácticas docentes están apoyadas por evidenc=
ias
empÃricas (por ejemplo, sabemos que la retroalimentación formativa mejora=
el
aprendizaje, que el aprendizaje activo supera a la clase expositiva tradici=
onal
en muchos casos, etc.). Por ello, una competencia crucial es la capacidad d=
el
profesor para auto-evaluar su enseñanza, recoger datos (evaluacione=
s de
estudiantes, resultados de aprendizaje) y realizar ajustes para mejorar. El=
ciclo
reflexivo propuesto por Schön y otros teóricos cobra vigencia: el doc=
ente
como profesional reflexivo-investigador que innova y adapta sus métodos en
búsqueda de mayor efectividad. Universidades innovadoras fomentan esto med=
iante
la investigación en docencia universitaria y la difusión de las innovacio=
nes
pedagógicas exitosas entre la planta docente.
-&nb=
sp;
Adaptabilidad =
en
tiempos de cambio: La transforma=
ción
educativa actual (pensemos en la rápida transición a la virtualidad en 20=
20, la
expansión de la educación basada en competencias, la internacionalizació=
n y
diversificación estudiantil) exige docentes flexibles y competentes para a=
frontar
lo inesperado. Aquà entran en juego competencias como la gestión de la
incertidumbre, la creatividad didáctica y el aprendizaje continuo. Devlin y
Samarawickrema (2022) enfatizan que los criterios de enseñanza efectiva de=
ben
revisarse a la luz de los cambios globales y contextuales. Un profesor
competente en 2025 es aquel que puede cambiar de modalidad presencial a vir=
tual
fluidamente, que incorpora nuevas herramientas digitales, que atiende a las
necesidades de una generación de estudiantes distinta (nativos digitales, =
con
preocupaciones socioemocionales particulares), y que sigue formándose en
pedagogÃa de manera permanente. Las instituciones deben apoyar este desarr=
ollo
continuo, facilitando formación en servicio, comunidades profesionales y
recursos para la innovación educativa.
-&nb=
sp;
Corresponsabil=
idad
en la calidad educativa: Aunque este
trabajo se centró en las competencias del docente, es importante reconocer=
que
la calidad y afectividad de la educación superior son responsabilidad
compartida con otros actores: estudiantes, directivos, diseñadores
curriculares, etc. Un docente altamente competente podrá marcar diferencia,
pero óptimamente debe operar en un ecosistema institucional que valore la
enseñanza, que brinde condiciones adecuadas (razonable número de estudian=
tes
por aula, apoyo tecnológico, reconocimiento a la buena docencia) y que pro=
mueva
una cultura de respeto y colaboración. En última instancia, el desarrollo=
de
competencias didácticas en el profesorado universitario debe considerarse =
parte
de un proyecto integral de mejora de la educación superior.
Ciertamente, las competencias didácticas necesari=
as
para una educación superior afectiva y efectiva son de carácter
multidimensional. Involucran el saber pedagógico y disciplinar tradicional,
pero también requieren un importante componente emocional, ético y tecnol=
ógico,
adaptado a los desafÃos contemporáneos. Formar y acompañar a los docente=
s en el
desarrollo de este completo abanico de competencias es uno de los grandes r=
etos
(y a la vez soluciones) de la transformación educativa actual. Solo asegur=
ando
docentes altamente competentes –en cabeza y corazón– podremos brindar =
a los
estudiantes universitarios una experiencia educativa que los forme
intelectualmente, los motive personalmente y los prepare de manera integral
para contribuir a la sociedad del siglo XXI.
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